¿QUÉ SON LAS EMOCIONES?

Las emociones, como la banda sonora de una película, están presentes en toda nuestra vida, sin embargo, son difíciles de definir, a diferencia de un pensamiento o un acto.

¿Qué sería de una vida sin sentimientos? Hay personas que padecen la enfermedad de la “alexitimia”, que en griego viene a significar algo así como dificultad para leer las emociones. Son personas como estatuas con ojos. Si imagináramos el más perfecto robot que procesara datos y que reaccionara ante los estímulos, sería el mejor ejemplo para valorar lo que significan las emociones.

La realidad está ahí, la mente puede conocerla y también puede actuar sobre ella. Así lo haría un sofisticado robot, pero de nada sirve la verdad de los hechos, ni la efectividad de los actos, si no están rubricados por los sentimientos. Los sentimientos son los que permiten el enlace entre la verdad y la vida.

Los sentimientos son la conciencia de las emociones y las emociones son la pulpa del psiquismo. El ordenador no tiene emociones; el gato, sí, pero el gato no tiene sentimientos. El hombre, sí, el hombre tiene conciencia y tiene emociones, por lo tanto, tiene sentimientos.

Son las emociones las que nos permiten sentirnos bien o mal y son las emociones las que nos presionan para que tengamos que cambiar. Pues bien, si hay algo que cambiar para sentirnos bien, tiene que ver con las emociones y si hay algo que utilizar como gancho y como condición para el cambio, también, es asunto de las emociones (Hernández, 2002, pp. 376-377).

Verás, desde Charles Darwin se ha considerado que las emociones tienen un valor funcional, pues ellas nos guían ante las distintas situaciones para acoplarnos o defendernos, incluidas las situaciones sociales. Sin embargo, como tú bien intuyes, la emoción no sólo tiene un valor instrumental. Tiene el valor último de expresión de lo que es vivir, es decir, de degustar la vida. ¿De acuerdo?

Desde este punto de vista expresivo-vital, son buenas las emociones agradables, de afectos positivos, y son negativas, las desagradables, de afectos negativos.

Ahora bien, desde el punto de vista funcional, todas las emociones, en teoría, son buenas, incluida la ira o el miedo, pues todas y cada una responden a distintos matices adaptativos en la interacción con la realidad.

Lo que es discutible es si tal emoción, pongamos por caso la ira, es adecuada, en grado y en expresión, a una situación concreta. Porque, como comprenderás, si te pones iracundo o agresivo en un momento que no viene muy a cuento, que no consigues ningún beneficio con ello y que, incluso, provocas rechazo en el ambiente social, tu conducta hay que calificarla de desadaptada, hasta el punto de que tú mismo te puedes dar cuenta del despropósito (Hernández, 2002, pp. 377-378).

El eje más importante en la historia científica de las emociones, ha sido el debate sobre la prioridad de los procesos psicológicos que concurren en el fenómeno emocional. ¿Qué crees que aparece antes? ¿Lo cognitivo (conocimiento y pensamiento)? ¿Lo propiamente afectivo (emociones y sentimientos)? o ¿Lo conativo (impulso y acción), en sus manifestaciones conductuales y corporales?.

Quisiera que cayeras en la cuenta del valor de esta discusión. ¿Por qué es importante? Porque, en el fondo, interesa controlar las emociones. Controlarlas significa usarlas inteligentemente, es decir, en unos casos interesa enfriarlas; en otros, encenderlas, en otros, encauzarlas hacia la producción del pensamiento y, en otros, rentabilizarlas en función de nuestras metas. Ésta es la vertiente productiva de la inteligencia emocional (Hernández, 2002, p. 378).

Las emociones son diferentes en función de las distintas situaciones. Pero, también, puedes pensar que una misma situación provoca diferentes emociones en la gente. Es decir, las personas evalúan los acontecimientos de su vida de forma diferenciada, dando lugar, a su vez, a emociones distintas (Ellsworth y Smith, 1988; Smith y Ellsworth, 1985,1987). ¿A qué se deben las diferentes reacciones emotivas? No queda más remedio que concluir que son producto de las características individuales de las personas. ¿De qué características? Del modo o estrategia que se tenga de pensar y de interpretar la realidad. Efectivamente, los modos peculiares y habituales de reaccionar e interpretar la realidad (moldes cognitivos) los consideramos como los más claros e inmediatos determinantes de las prototípicas reacciones emocionales (Hernández, 2002, pp. 381-382).

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