¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN FAMILIAR?

Nacemos y nos desarrollamos en determinados ambientes, que nos estimulan a creer en nosotros y en la vida, por lo tanto, a ser felices o, por el contrario, nos obligan a mirar con repugnancia y dolor. No todas las sociedades, grupos o comunidades gozan del mismo grado de “higiene” para con sus miembros.

Ocurre claramente en el caso de las familias, pero también de las aulas y de los centros escolares. En varios trabajos nuestros de investigación, se observa cómo el ambiente familiar y los estilos educadores de los padres que potencian la autoestima, la autonomía, el autocontrol y la realización de los hijos, fomentan, al mismo tiempo, la felicidad de éstos.

Me dices que lo entiendes cuando hablo de familia, pero no acabas de verlo claro cuando se trata de una comunidad más amplia y por eso me preguntas: “¿Cómo, en una comunidad, se forma el Bienestar Subjetivo Comunitario y cómo influye en el Bienestar Subjetivo Individual de sus miembros?” No es difícil de entender, pues supone insistir en la misma idea. Verás, cuando en esa comunidad (una familia, una clase, un colegio, una pandilla de amigos, un barrio, un pueblo o un país) dominan unas creencias, unas actitudes o unas prácticas de vida que favorecen el afecto, el respeto, la valoración y autonomía de sus miembros, al tiempo que existe convivencia, cohesión, disfrute lúdico y metas comunes, aunque ello exija un cierto nivel de sacrificio, autocontrol y compromiso social, se crea una cultura con grandes probabilidades de que se goce de un alto bienestar subjetivo comunitario y esto repercutirá en el bienestar subjetivo individual de mucha gente.

Y a la inversa, piensa en una familia, en una clase, en un colegio o en una pandilla de amigos, donde dominan unas creencias, unas actitudes o unas prácticas de vida de desapego, de devaluación y desconsideración de sus miembros, al tiempo que no se observa cohesión, ni vida convivencial, ni disfrute comunitario, ni un cierto nivel de autocontrol y compromiso social. Comprenderás que eso acarreará un mayor Malestar Subjetivo Comunitario. Esto, a su vez, afecta al Malestar Subjetivo Individual de la mayoría de ellos.

De manera ilustrativa, puedes considerar —según se aprecia en el cuadro 5.1, donde se recogen los resultados de una investigación nuestra, sobre más de 500 personas entre 14 y 60 años— cómo el ambiente familiar y el estilo educativo de los padres condicionan la felicidad de los hijos.

Observa que cuando el ambiente familiar es más agradable, el bienestar subjetivo de los hijos también crece (correlación positiva), al tiempo que se establece mayor distancia del malestar subjetivo (correlación negativa).

Así mismo, fíjate en las actitudes personalizantes (dar afecto, respeto, autonomía y autocontrol) tanto por parte del padre como de la madre, pero más del padre, cómo se asocian positivamente con el bienestar subjetivo de los hijos, y negativamente con el malestar.

Por el contrario, las actitudes restrictivas de ambos padres, pero más por parte de la madre (rechazar, censurar, desvalorar, insultar, castigar, no mostrar afecto), se asocian con peor bienestar subjetivo de los hijos (correlación con el signo menos), al tiempo que se establece mayor incremento del malestar subjetivo (correlación con el signo más).

Como te habrás dado cuenta, todo esto está apuntando a que el ambiente familiar y las actitudes educadoras de los padres contribuyen a configurar la mente de los hijos en una dirección u otra para que puedan ser o no felices. En concreto, la educación familiar va creando un tipo de lentes (¡moldes cognitivo-afectivos!), que serán los responsables de que el mundo se interprete de un modo o de otro.

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